Nos volvemos a acercar poco a poco. Sigue habiendo momentos en que se agarra al respaldo de una silla y se aferra a ella hasta que acabe el flasback, y yo me despierto a veces gritando por culpa de las pesadillas.
Sin embargo, sus brazos están ahí para consolarme y, al cabo de un tiempo, también sus labios. La noche que vuelvo a sentir el hambre que se apoderó de mí en la playa, sé que habría pasado de todos modos, que lo que necesito para sobrevivir no es el fuego que antaño me ofrecieron, alimentado con rabia y odio. De eso tengo yo de sobra. Lo que necesito es el diente de león en primavera, el brillante color amarillo que significa renacimiento y no destrucción. La promesa de que la vida puede continuar por dolorosas que sean nuestras pérdidas, que puede volver a ser buena. Y eso solo puede dármelo él.
Así que, después, cuando me susurra:
-Me amas. ¿Real o no?
Yo respondo:
-Real.
-Sinsajo.

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