-El problema es que yo le quiero, pero tú me entiendes. Y desde aquel día que me abrazaste no he vuelto a ser la misma.
+Entonces, ¿qué sientes?
-No lo sé... Sé que a él le quiero. Le quiero más de lo que podría llegar a querer en mi vida, pero a ti...Tú eres importante, te lo aseguro. Y siento que podría enamorarme de ti. Sí, lo sé, lo sé. Te he hecho mucho daño. Cuando estuvimos juntos te hice la vida imposible. Pero he cambiado. Lo juro. Ya no quiero hacerte más daño. Sólo quiero ser feliz...
+Mira, no me voy a andar con rodeos. Sabes que te quiero. Que te he querido desde que nos conocimos. Fuiste tú la que te me tiraste al cuello. Fuiste tú la que me dejaste. Y ahora eres tú la que vuelve. Mira, no soy tonto. Sé que estás confundida, por eso te perdono. Pero no me ralles la cabeza. Te quiero y si quieres estar conmigo aquí estoy. Te doy otra oportunidad si de verdad la quieres. Pero para romperme el corazón otra vez no.
-Lo siento. Echo de menos tus abrazos...
+¿Echas de menos mis abrazos? También echas de menos mi cuerpo, porque todavía no te has alejado ni un solo palmo desde que empezamos a hablar. Echas de menos que te comprenda, que te hable y que te diga que hoy, especialmente hoy, estás preciosa. Lo echas de menos porque él no lo hace. Pero, ahora dime, ¿si él lo hiciera, también me echarías de menos?
-Sí. Estoy segura de que sí te echaría de menos. ¿Sabes?, cuándo quisimos ir al cine todos y tú querías ver aquella peli, a mí no me gustaba mucho, sin embargo, en cuánto dijiste que querías verla, supe que tenía que entrar contigo en esa sala, y saber que por lo menos, durante una hora y media, estaríamos solos, en la oscuridad de esa sala repleta de gente que no nos conocía. Sabía que tenía que hacer algo. Sabía que tenía besarte. Lo necesitaba...
+Pero no fuimos.
-No, no fuimos y yo me quede con las ganas de besarte.
+Pues, adelante. Bésame. No esperes que vaya yo, porque aunque me estoy muriendo por darte un beso, no lo voy a hacer. Has venido tú a buscarme, así que es justo que seas tú la que cruce la barrera y la que decida con cuál de los dos se queda.
-No me hagas esto. No puedo elegir.
+Entonces, ¿a qué has venido? ¿Sólo a decirme eso? No. Te conozco. Estás esperando a que te de un beso y así averiguas quién te conviene más. No voy a caer en ese juego, no soy tan tonto. Pero si me das un beso, te aseguro que te lo voy a devolver. Aunque no te garantizo que sea capaz de alejarme después...
-No me tientes...
En contra de todo lo que él le había dicho, cansado de todas sus inseguridades, se acercó y le tomo la cara entre sus manos y la besó. No fue un beso dulce, para despejar dudas. No, fue un beso de los de verdad, de los que sabes que como no reacciones, el final es indiscutible. La empujo hasta la pared y puso los brazos a cada lado de su cabeza. Se alejó y la miró. Y contra el filo de su boca le susurró:
+¿Contenta? Ya te he besado. ¿Te has decidido? ¿Qué quieres?
-Que no pares.
